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A diario tenemos que tomar diferentes decisiones: me como una pera o una manzana, quedo a las cinco o a las seis, etc. La mayoría de las decisiones no requieren analizar a fondo todo el panorama de posibilidades; basta con echar un vistazo y ver qué opción parece mejor. Pero, ¿y si se trata de una situación donde debemos elegir entre varias posibilidades? En ese caso hay que contemplar las diferentes opciones e intentar elegir la que más nos convenga. Si tengo que tomar algo en un bar pero tengo la tensión altadebería evitar tomar café obebidas con cafeína. Tomaré, por ejemplo, un zumo de naranja. Hay que aclarar que la mejor opción para nosotros no tiene por qué serlo para otra persona: quizá pueda tomarse un café para desayunar, lo que le quitará parte del sueño, al menos en teoría...En el ajedrez hay que tomar constantemente decisiones. Puede haber dos opciones lógicas a elegir, tres... o sólo una. ¿Deberíamos ordenar las opciones de alguna forma, no? Veamos... La imagen superior muestra el llamado "árbol de variantes", que no es más que buscar las diferentes opciones y ordenarlas según nuestro criterio. En este caso... ¡las jugadas lógicas llegan a ser 8 diferentes! Por pura lógica - ¡antes de que reine el caos - deberíamos: 1) Seleccionar las diferentes jugadas candidatas. 2) Ordenar las jugadas de la forma que creamos conveniente. Lo recomendable sería no poner en primer lugar las que quizá sean las mejores jugadas, sino las más directas, más rápidas. Si funcionan, ahorraremos tiempo y quizá algo más... y si no "captaremos" detalles que pueden ser útiles para las demás posibilidades. 3) Razonar con lógica suele ser la mejor forma de ordenar las posibilidades que no son directas. "Yo miraría ésta primero porque su caballo no puede escapar" o "mi rey está en peligro y parece prudente llevar una pieza para su defensa", son dos ejemplos lógicos de pensamiento para ordenar posibilidades. Se observa en los ejemplos que hay factores que nos han llamado la atención (subrayados). Si queremos tomar buenas decisiones deberíamos intentar encontrar los factores más importantes y ver lo bueno y lo malo tanto de la posición denuestro rival como de la nuestra. 4) Analizar siguiendo el orden de jugadas fijado. Aquí entra la estrategia (qué hacer), el cálculo combinativo o táctica (cuándo y cómo hacerlo), o ambas (lo más habitual). 5) Decidirnos por una opción en un tiempo razonable. 6) Aceptar que somos responsables de nuestra decisión y de lo que pase y 7) Ser objetivos. Si la decisión no es correcta hay que admitirlo, intentar ver por qué falló y aprender del error. Si fuera correcta debemos alegrarnos y apreciar lo que hicimos bien para repetirlo en sucesivas ocasiones. Para tomar decisiones se realizan diálogos internos (en nuestra cabeza) de varias formas: "qué pasaría si...", "pero entonces...", etc. En el ejemplo del café sería algo como: 1) ¿Qué pasaría si tomo un café? Mi tensión podría aumentar, lo que no es recomendable. 2) Pero entonces... ¡no tomes el café! Muchos pensamientos corren por nuestra cabeza cuando nos enfrentamos a una decisión importante. Pueden generar dudas, incertidumbre, miedo, euforia, etc. Esto puede hacernos perder la objetividad, decidir con rapidez... En la siguiente posición las negras debían elegir si salvar la torre (en rojo) o avanzar el peón (flecha amarilla), con el fin de atacar al rey blanco (en rojo). Como la decisión es muy importante en este momento (¡atacar o dar un respiro son cosas muy diferentes!), muchos pensamientos circulan por la cabeza... ¡aunque sólo haya dos jugadas candidatas! Veámoslos: Ventajas (en verde) e inconvenientes (en rojo) de las dos opciones. La opción de salvar la torre puede ser "segura" en este momento - ajedrecísticamente hablando -, pero las "consecuencias" van a ser negativas - psicológicamente hablando -. Es claro que una computadora como la que ganó a Kasparov no enfrentaría este tipo de problemas...
* Las negras optaron por salvar la torre y perdieron; mover el peón era la jugada ganadora, aunque muy difícil de calcular en un tablero de ajedrez.
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