Campeonato de Promoción 2018

Crónica de Juan Pablo Martínez

El pasado 11 de noviembre terminó el Torneo Provincial de Promoción 2018. Para quien escribe esta crónica, este torneo ha supuesto también su debut en una competición ajedrecística. Muchos padres y madres nos vamos aficionando a este deporte siguiendo las evoluciones de nuestros hijos. A menudo, el objetivo es no quedarnos atrás demasiado pronto para que los duelos caseros padre/madre vs hijo/hija conserven el aliciente. Pero generalmente, en este punto, ya nos ha picado el gusanillo que nos hace disfrutar de los escaques y querer aprender más. De ahí a apuntarse a clases o participar en algún torneo ya no hay más que un pequeño paso.

Pero también hay argumentos de índole práctica. Tras unas cuantas mañanas dominicales esperando el final de las partidas de nuestros hijos (primero en el torneo de Promoción 2017 y después en el campeonato por equipos de 2018), Alberto Arnal padre y yo empezamos a pergeñar una idea: ¿y si el año que viene nos apuntamos nosotros también al torneo? La mañana sería más entretenida y tendríamos la oportunidad de compartir aún más esta afición con nuestros hijos (el ajedrez es uno de los pocos deportes donde esto es posible).

Dicho y hecho, este año nos hemos estrenado en el torneo provincial de promoción, ideal para tener un primer contacto con la competición. El ELO acumulado por nuestros hijos en la temporada anterior ya les emplazaba a jugar en segunda, por lo que se daba la paradoja de que ellos jugaban mayoritariamente contra adultos, y nosotros mayoritariamente ante niños.

La experiencia ha sido muy positiva, y la recomiendo especialmente a todos los padres y madres de niños de la escuela que tengan ese gusanillo del ajedrez. Les dará la oportunidad de experimentar y compartir los nervios prepartida, el autoenfado por los errores, la dificultad de apuntar en la planilla sin equivocarse ni dejarse jugadas, los vuelcos de la partida, la euforia de la victoria, la decepción de la derrota, el análisis en casa (y posteriormente, en clase) e interesantes reflexiones y valoraciones. Me quedo con el momento, poco antes de la primera partida, en que le pedí a mi hijo, ya experimentado en estas lides, alguna recomendación para el torneo. Me respondió: “papá, tú simplemente disfruta de la experiencia”. Y a fe que he seguido este sabio consejo.

En cuanto a los resultados deportivos, el torneo ha sido dominado por los hermanos Hector y Alejo Lorente Melcón, primero y segundo respectivamente, que han finalizado invictos, dejando escapar solo medio punto cada uno, el del empate que se dio en el duelo fraternal de la última ronda.

Este año nuestro club no ha conseguido estar tan arriba como en el torneo del año pasado, en que cuatro jugadores azules quedaron entre los diez primeros. Cabe decir que, por lo que nos dicen los entendidos, este año se ha jugado a un nivel muy alto, siendo el juego en la parte alta más propio de segunda que de promoción.

De los miembros del club destaca la magnífica actuación de Adrián Ibáñez con 5 puntos (posición 17 con los mismo puntos que el 5º), perdiendo solo la primera partida. Lástima que no hubiera más rondas pues podría haber alcanzado al grupo de cabeza. En torno a la mitad de puntos quedaron Rafael Pueyo con 4 puntos (solo pudo jugar 6 partidas) y Juan Pablo Martínez (un servidor). David Gracia se sobrepuso a dos derrotas iniciales para conseguir unos meritorios 3.5 puntos y Alberto Arnal (padre) acabó con 3 puntos (de las 6 partidas que pudo jugar). Muy cerca quedaron David Ibáñez (2.5 puntos), Naím Abdel-Hafez (2 puntos de 3 partidas jugadas), Adrián Sánchez (2 puntos), Sofía Romeo (2 puntos), Álvaro Pueyo (1.5 puntos) y Marcos Romeo (1.5 puntos). Alejandro García solo jugó dos rondas en las que se enfrentó a rivales difíciles, por lo que no llegó a estrenar su puntuación.

En cualquier caso, para muchos de los participantes del club (yo incluido) ha sido una muy interesante toma de contacto con los torneos de partidas lentas.